Fueron... ¿50 minutos? La verdad fueron espectaculares. No sabría describirlos... Todo con vos es genial, vos sos genial.
Y te voy a decir algo que pensé mientras te mantenías sentado en posición fetal. Mientras te veía secarte las lágrimas:
Por fuera de lo que hayas hecho en el pasado, por fuera de cómo reacciones conmigo, me encantás, cada lágrima, cada gesto, vos, en ese estallido de rabia e impotencia, me enamoraste más y más, se me recalcó el hecho de que te amo a pesar de todo, que amo todo de vos, toda tu historia, todo tu presente, y todo tu futuro, porque en algún momento será presente y luego pasado.
Realmente te amo, en ese momento sentí que no podía amarte más, como cada vez que te veo mal, y me dieron más ganas de dar vuelta el mundo, de mirarte a los ojos y pedirte que no lloraras. Ya con vos me habían dado esas ganas de dar vuelta el planeta para parar lo que te estaba pasando, pero esta vez eran enormes, eran gigantes, y sólo podía hacer crecer mi amor, no sabía qué hacer para tranquilizarte, era un golpe en el pecho, el sentirte respirar, ¡no sé! No debe existir manera alguna de describir ese sentimiento...
Tengo ganas de volver a estar con vos y amarte como hoy al medio día...
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