viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Sabés qué? Se me ocurren tantas cosas que no puedo escribir, simplemente pegaría cartelitos, frases, momentos, todo, todo pegado en un gran collage de cosas. Necesito una buena cámara, necesito cosas para fotografiar, quiero imprimir las cosas que hay en mi cabeza y ponerlas en una carpeta, una carpeta bastante grande, con espacio y tapas acolchadas, para usarla de almohada y dormir sobre ellas, para que cuando me despierte, sea por cualquier razón, pueda volver a ver con mis propios ojos esos momentos que mi mente guarda, esas imágenes que se distorsionan en mi cabeza...


Así es como te das cuenta que el tiempo va pasando, que en realidad es tiempo perdido, que a veces está bueno poder recordarlo, porque si lo recordás, realmente no fue tiempo perdido, no fue en vano si te acordás, no importa si fueron 20 horas o 15 segundos, si hay alguna imagen de ello, alguna frase, lo que sea, valió la pena...
(Acordate, acordate, ¡acordate!)
Antes... Cuando no existían (o no se habían popularizado) las cámaras digitales, uno pensaba muy bien a qué sacarle foto. No es lo mismo tener 300 fotos bailando en una graduación, movidas, con la gente que salió mal, toda destruida, el maquillaje corrido, los peinados desarmados, transpirados, que una foto bailando el vals con el amor de tu vida. NO VALE LO MISMO. En la mente no vale lo mismo, en el corazón no vale lo mismo. Ya se perdió el sentido, ya es todo así, rápido. El tiempo pasó, y con él se va quedando atrás el objetivo de una imagen. Hay millones de fotos al pedo, pero una... una...
Una puede hacer tanto por vos...


No hay comentarios:

Publicar un comentario