viernes, 10 de junio de 2011

No queríamos dormir, nos queríamos comer el mundo. No podíamos dejar de estar a solas ni un segundo. Ida y vuelta de la cama a la alfombra voladora. Nos bastaba con dejar pasar dejar pasar las horas... Horas, horas, colgados como dos computadoras. Horas, horas, meta echar carbón en la locomotora. Recorriendo aquel edén de sólo dos metros cuadrados, ¿qué será de aquel colchón, de aquel colchón tan maltratado? Allá íbamos tu y yo, llevados por el remolino, nos dejábamos caer, caer, caer hacia el destino. Durante horas, horas, colgados como dos computadoras. Horas, horas, meta echar carbón en la locomotora. No queríamos dormir, ¡nos queríamos comer a besos! No queríamos dejar de cometer ni un solo exceso. Nos venía a saludar en el balcón la luna llena, nos bastaba con dejar morir, dejar morir la pena. Horas, horas, colgados como dos computadoras. Horas, horas, meta echar carbón en la locomotora.


(Qué manera tan tierna de decir "Nos la pasábamos garchando", ¿o no? Parece hasta inocente...)

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