sábado, 10 de octubre de 2009

Envidio tu casa. No toda. Tu habitación. No por cómo está decorada, no por las cosas que tiene dentro, no por nada material. Allí, una noche como hoy, podría sentarme a ver el horizonte, ver los rayos cruzar el cielo, ver la lluvia caer, el viento en mi cara, sonreír. Sin edificios de por medio, sin un balcón que da al sur... Y pensar... Y llorar. Y escuchar música melancólica y que mis lágrimas se confundan con lluvia. Y sonreír. Sonreír más. Y podría sacarme las ganas de todo. De todo lo que me parece pesado. Porque me siento una pesada... Y esa incertidumbre de pensar si soy pesada o no, me gusta. ¡Qué ganas! Y quedarme sola... Sola enfrente de tanta tormenta, y que no termine más la noche, pero sí esa soledad en TU balcón. Porque, claro, si estoy en tu balcón, de noche, es algo extraño. Qué extraña que soy. Ya empezaron a hablar mis Pau's. (Sí pesadita, acá estamos, compartiendo cada sentimiento. Decíselo, dale.) No... Yo no. (Bueno, voy yo.) Dale. (Quiere que estés con ella en el balcón, los dos solos en una noche tan linda y extraña como esta.) Gracias. (De nada pesadita, cuando quieras.)
¡Qué ganas! ¡Qué ganas! ¡Qué pesada! ¡Qué extraña! ¡Qué enamorada! ¡Qué melancólica!

Soy una tarada. Sí, eso soy. Una tarada enamorada. Inmensa, completa, totalmente enamorada. Y eso no me gusta. Y me encanta. Siempre me gustó estar enamorada. ¿Y de vos? Bufff... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario