-Te mata el dolor de cabeza.
-Es de esos dolores que me hacen sentir sola en el mundo.
-Sólo una cosa te haría olvidar todo, el dolor, esta "soledad" que te generas, el decaimiento. Él, él, y más él.
-¿Dónde estás corazón?
-Durmiendo de seguro.
-O haciendo alguna otra cosa.
-Y vos acá, pensando en él.
-En él.
-En que lo extrañás.
-En que me acuerdo aquél día cuando nos besamos por primera vez.
-¿Te acordás cómo te hacía sentir una princesa en un cuento de hadas?
-¿Que me daba vueltas por la calle?
-¿Que se frenaba, te apretaba contra él y te decía de la forma más dulce "Te amo"?
-Qué lindo sería volver... A la fantasía.
-Si él fuera príncipe vos querrías ser princesa.
-Un cuentito de hadas.
-No sos vos esa.
-No.
-Pero querés esa "perfección" del cuentito de hadas.
-¿"Perfección"?
-Sí, que te de vueltas.
-Las típicas vueltas que da un príncipe a su princesa.
-Mirar profundo a los ojos...
-¿Dónde quedó todo eso?
-¡¿Se perdió?!
-¡No!
-¿Entonces?
-Hay que recuperarlo.
-¿Cómo?
-No lo sé.
-Desealo.
-Lo hago con todo mi ser.
-¡Hacelo más fuerte!
-¡Eso hago!
-¡Más!
-¡Basta!
-¿Por qué?
-¡Me duele!
-¿Qué te duele?
¡LA CONCHA DE TU MADRE VOLVISTE A DEJAR UN TEXTO INCONCLUSO!
TE ODIO
'PAU,
SABELO.
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