jueves, 19 de marzo de 2009

Estoy frustrada. Pero no solamente eso. Estoy frustrada, con impotencia y rabia. Se suma tristeza también. ¡AH! No falta la decepción. ¡Qué lindo cóctel! Estoy fria, enojada, mala onda, y bardeo.
¿Cómo puede ser que lo más lindo de la semana, con factores "Letra" y "padres", arruine toda mi ilusión?
¡Esperé con ansias este día! ¡Con ansias, emoción, felicidad, euforia! ¡Cuando llegó estuve contenta, loquísima, todos se dieron cuenta que a pesar de que las tres materias más pesadas del colegio estuvieran juntas el mismo día, a mi no me importaba! ¡PORQUE ERA Y ES JUEVES! Pero no volví feliz en el auto, no contaba los squechs ni las boludeces, y sobre todo: al principio de la clase teatral no estuve bien.
Estuve demasiado suceptible. Y todavía lo estoy.
Esa tristeza y decepción que se disipa en euforia, la olvidada, la frustración más impotencia que se convierten en enojo, que congelan la cara en una sola expresión: La de culo.

- Ven Aquí, quiero decirte algo. . .
A esa, que te aparta de mí,
Que me roba tu tiempo, tu alma y tu cuerpo,
Ve y dile. . .
- Qué quieres?
- Que venga, que tenga valor,
Que muestre la cara y me hable de frente
Si quiere tu amor. . .
- Para qué?
- A esa, que cuando está contigo
Va vestida de princesa,
A esa, que no te hace preguntas
Y siempre está dispuesta,
A esa, vete y dile tú. . .
- Qué?
- Que venga. . .
- Para qué?
- Yo le doy mi lugar. . .
- Qué quieres probar?
- Que recoja tu mesa, que lave tu ropa
Y todas tus miserias. . .
- Qué quieres demostrar?
- Que venga, que se juegue por ti. . .
- Qué vas a conseguir?
- Quiero ver si es capaz de darte las cosas
Que yo te di. . .
A esa, a esa. . .
A esa vete y dile tú, que venga. . .
- Esa, que te pone tan mal
Fue capaz de hacerme volver a vivir
Ilusiones perdidas.
A esa, que te hace hablar
Yo le debo las cosas que hace mucho tiempo
Tú ya no me das. . .
- A esa, qué le puede costar
Hacerte feliz una hora por día?
A esa, no le toca vivir ninguna tristeza,
Todo es alegría.
A esa vete y dile tú. . .
- Qué?
- Que venga. . .
- Para qué?
- Yo le doy mi lugar. . .
- Qué quieres probar?
- Que recoja tu mesa, que lave tu ropa
Y todas tus miserias. . .
- Qué quieres demostrar?
- Que venga, que se juegue por ti. . .
- Qué vas a conseguir?
- Quiero ver si es capaz de darte las cosas
Que yo te di. . .
A esa, a esa. . .
A esa vete y dile tú, que venga. . .



Y eso solamente fue el principio. ¡Mierda! ¡La estaba pasando tan bien! Y yo, hija obediente, apenas terminó la clase llamé... llamé a mi casa, para avisar que había salido, y que me iba para la plaza con el grupo. No sé qué mierda le pasó a mi familia, con caras de culo, gritos y enojos, decidieron pasarme a buscar apenas llegué a la plaza, por el hecho de que eran las 10:30 y era tarde. ¿Qué clase de hipócritas son? Siempre me dejaron hasta las 11; 11:15; porque sabían que ese after-teatro era y es todo para mi. Pero no, no quisieron. Me llevaron a mi casa, estuvieron mala onda toda la noche. Y yo, frustrada, con impotencia, rabia, tristeza y decepción. ¡Qué lindo cóctel! Tuve que bancarme todo, porque soy la hija, porque soy menor y mientras viva bajo este mismo techo voy a tener que obedecerlos en todo.
¿Acaso no soy una persona también? ¿Acaso yo no quiero cosas? ¡Sólo pedía la típica rutina de los jueves! ¿Tanto les costaba darme ese tiempo, esa media hora? Poder despejar la cabeza de squetchs, fórmulas físicas, subniveles de energía y vectores.. Guitarrear, comentar que la otra canción de mierda no se me iba a ir de la cabeza hasta la semana siguiente, recordar al Rubio convertido en Rubia para representar la letra, a Ceci haciendo fuerza y gritando “¡¡¡¡¡¡QUE VENGA!!!!!!“, a Michael aguantando, a Nico Piu haciendo de puto, Chuchi con sus raíces rubias...
Pero no. Tuve que recordarlo sola, sin poder reírme por la bronca, sin nada más que la melodía retumbando en mi cabeza.
¡Qué feo!
¡Qué triste!
¡Qué frustrante!
¡Que decepcionante!
¡Qué bronca!


Qué impotencia...

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